Esta semana, como la vida, tuvo de dulce y de agraz. Pero rescato un momento espectacular que tuve: el recital de Roger Waters. Demasiado bueno, incisivo, directo a las venas, al alma.
No soy fanboy de Pink Floyd, pero su música me ha acompañado bastante desde que entré a la U. Por lo anterior no me sé TODOS los nombres de las canciones, ni los discos, ni mucho menos las formaciones de la banda. Pero sí sé algo, me encantan las canciones, me mueven cuando las escucho, me transportan a muchos sitios que ni siquiera sé si existen.
El pasado miércoles dicha sensación fue extrema. El bajo y voz de Mr. Waters y su banda y la pantalla gigante y el marco de público y el tiempo y el chanchito volador se conectaron directamente conmigo y terminamos llorando al unísono. Eran miles de motivos, ni pena ni de alegría, sino sólo una reacción física ante la cantidad infinita de estímulos que me despertaba magno espectáculo.
Era yo liberando toneladas de stress mal acumulado en el último tiempo, y la leve impotencia de que los 60’s y 70’s nunca estuvieron ni estarán conmigo. Nunca tendré banderas de lucha tan grandes ni causas más nobles. Nunca la música catalizará dichos cambios; por lo menos de la épica forma en que las melodías se transformaban en entes subversivos al servicio de la apertura de conciencias. Tal vez decir nunca es demasiado tajante, pero funciona para llorar ;).
Por otro lado, (sentí) siento que se puede retomar lo andado, sin tantas cargas, más ligero de equipaje, y con esperanza en el futuro, que terminará siendo, a la larga, el mayor insumo para la felicidad que a veces necesito. El resto del tiempo tengo mi escepticismo e ironía para defenderme.
Por último, agradezco dicho momento místico, pero ahora se trata de llenar la vida de dichos momentos, de irlos marcando con alfileres bien cabezones, para que cuando los vea de lejos, se vea una sola línea.
No necesariamente todos tienen que costar 36 lucas, 5 horas y aguantar un par de individuos insoportables (jajaja… era broma lo último).
La clave para mí, en estos momentos, pasa por desear menos cosas, tener menos anhelos y no dejarme hundir por la ansiedad (shaaa que budishta sonó eso..jaja).
saludos a toda mi escuálida pero fiel audiencia, espero sus cariñosos (y no tanto) comentarios.
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