Estuve medio deprimido entre segundo y cuarto año de la U. Problemas varios, nada serio de verdad pero eso uno lo dice cuando puede ponerle perspectiva. El año antepasado, aún dándome cuenta no hacía nada por sobreponerme. Todo a su tiempo, creo.
Aprovecho de plantear una idea respecto a lo que uno quiere que pase y al final no pasa (en mi caso, amor no correspondido). Cuando ese algo no pasa, uno se ve tentado a darle un sentido trascendente al asunto, que va a “ser para mejor”, que todo pasa por algo, que…en fin, todo va hacia algún lado y la vida nos premiará lo sufrido.
Creo que esa idea es una mierda, aunque a veces la tengo.Si así fuera el mundo sería un lugar idílico. Si la vida (el destino, el devenir, se entiende) devolviera todo el sufrimiento que se tuvo, todo sería distinto. Me rehúso (aún costándome) a creer en eso.
Si así fuera todo lo malo que nos pasa tendría sentido. El hijo muerto trágicamente tendría sentido para un padre. El accidente imprevisible formaría parte de una cadena de acontecimientos.En el mundo real, muchas cosas malas que nos pasan, de no haber sucedido, nos habría hecho personas más contentas, más seguras, etc. Esto no quiere decir que no podemos aprender de lo sufrido, especialmente cuando es fruto de un error nuestro.
El tema es que creo que el subordinar algunas cosas malas a una especie de plan, es no hacerse cargo de lo que nos pasa, es no enfrentar el sufrimiento a la cara, por más que siempre nos cuesta. Y mucho.
Así que si pasa algo malo, si algo que anhele mucho no resulta, intentaré no sentarme a pensar que es por algo, sino que juntaré energías para ponerme de pie nuevamente. Es muy probable que yo sea el primero en no asumir lo que pase. Pero allí estarán ustedes para ayudarme a enfrentar el destino. Si es que están de acuerdo. Si no, se sentarán conmigo a esperar que me deja el destino.
Como si tal cosa (destino) existiera.